Gracias…

… a mi familia, que, aunque sé que no leerá esto, pusieron los genes al servicio de un ser humano.
… al mister, que sólo él sabe que una amistad se puede llevar casi como una relación de pareja. Y que puede ser más longeva que esta sin haber sexo de por medio.
… a mi gente de HarryLatino, que lograron forjar una amistad a partir de un niño mago sin no-demasiado carisma.
… a mis profesores, que me enseñaron mucho más de lo que pretendían.
… a mis “conquistas” internetiles, que me enseñaron mucho menos por webcam de lo que yo esperaba.
… a mis compañeros de clase todos estos años, que me hicieron ver que se puede estar en clase y socializando.
… a todos aquellos que me han hecho la puñeta alguna vez, porque gracias a ellos siempre aprendí algo.
… a los que me pidieron opinión sobre algúna peli/videojuego/libro/serie, porque pronto comprendieron que tengo poco o nulo criterio crítico.
… a todos a los que dejé y dejo entrar en mi vida, porque juntos habeis hecho ser lo que soy. Que eso sea bueno o malo es otro cantar.

(Escuchando un podcast de crecimiento personal me he dado cuenta de la importancia de agradecer. De ahí que este post sirva de purga interna. Sorry.)


~ jueves, 11 de marzo de 2010 0 comentarios

El ordenador

[Este pequeño relato lo escribí en dos días. Cuando lo empecé a escribir (inspirado más que nada en la primera frase, que en un principio iba a ser una entrada de publicidad chusca), no tenía ni idea de cómo terminaría. Sí, tenía una liguero presentimiento de cómo iba a terminar. Pero vamos… fui escribiendo según me venía y, al principio, jamás pensé en terminarla de una forma tan tétrica. Ha salido así, miren. ¡Hasta otra!]

“Sé que no debería hacerlo. No obstante, algo me dice que si lo hago, nada me pasará”. Jandro estaba de pie justo enfrente de un ordenador. No, no SU ordenador. Un ordenador totalmente extraño que estaba dentro de una tienda de electrónica. Un ordenador que desprendía un extraño magnetismo y que había hecho que desde el primer momento Jandro se hubiera fijado en él.

Miró a ambos lados antes de atreverse. No había nadie así que puso sus manos sobre el teclado y el ratón y abrió el navegador de internet. Puso un par de direcciones aleatorias y después miró el correo. Nadie seguía sin decirle nada. Ganó seguridad y le faltó tiempo para intentar hurgar en el sistema operativo. Miró los archivos del sistema y pensó que, re-escribiendo algo de código, podría conseguir controlar ese ordenador desde su casa. Lo hizo y, sintiéndose importante, se fue de la tienda.

Por la noche, después de cenar, volvió a su habitación y encendió su ordenador. No le costó mucho establecer el contacto con el ordenador de la tienda. Estuvo trasteando en el historial del navegador mientras se reía para sus adentros. Estaba visitando una página web porno que probablemente algún usuario había puesto por “hacer la gracia” cuando de repente el editor de textos se le abrió. Jandro miró de hito en hito la pantalla: él no había abierto el programa. Ni tampoco estaba escribiendo lo que veía aparecer en la pantalla. “Un, dos, tres, ya no me ves. Cuatro, cinco, seis, no estoy aquí. Siete, ocho, nueve, prepárate para la muerte”. Algo agarró fuerte la garganta de Jandro. No podía respirar. Intentó desembarazarse de lo que le oprimía la garganta pero, al parecer, no había nada físico estrangulándole. Se cayó de la silla. Mientras agonizaba, pudo ver en la pantalla del ordenador una espeluznante cara desdentada que, entre risas, le señalaba y gritaba: “Un, dos, tres, fiambre es. Cuatro, cinco, seis, aquí lo veis. Siete, ocho, nueve, ya no se mueve.” Cerró los ojos. Su último aliento se perdió entre los cables del ordenador. Estaba muerto.


~ lunes, 8 de marzo de 2010 1 comentarios

Senderismo urbano

No sé si sabrán (lo mismo no si no me han visto nunca. Probablemente sí si alguien me han visto en la vida real. Altamente seguro si he quedado de forma habitual con ustedes.) pero hace tres años me fuí a Londres. Sólo fueron cinco días los que estuve en la capital pero fueron probablemente los más reveladores en mucho tiempo. Más que nada porque fui sólo y me sirvió para darme cuenta de que podía hacer casi cualquier cosa. No obstante, el tema no es cuán revelador resultó el viaje, sino como me planteé el tema del turisteo.

Me despertaba a las ocho y media, me duchaba, me vestía, me preparaba, repasaba mis planes para ese día y salía sobre las diez a desayunar al restaurante del hotel. Tardaba media hora y luego salía a la calle, montaba en el metro, me bajaba en alguna estación y me ponía a andar. Y andaba y seguía andando hasta bien pasadas las tres de la tarde más o menos. Luego cogía el metro y para el hotel. Llegaba a la habitación destrozadito perdío así que dedicaba la tarde a estar en mi habitación descansando, viendo la tele y/o planeando lo que iba a hacer al día siguiente por la mañana. Salía a cenar a algún restaurante de la zona y después directo para la habitación. A las once o por ahí estaba ya acostadito.

Una de las cosas que echaba de menos de ese viaje a Londres era precisamente esas largas mañanas de caminata con la única compañía de mi mochila azul hasta que las piernas amenazaban con romperse haciendo senderismo urbano, maravillándome ante las calles que iba pasando, parándome en los monumentos pertinentes mientras consultaba mi guía de Londres y entrando en cuanto salón recreativo pasaba por mi lado (sí, bueno… el lado jugón no me lo podrá quitar nadie, miren…). Vale que aquí en Madrid alguna vez lo he intentado pero… digamos que me echaba para atrás la idea y al final acababa andando menos de la mitad de lo que podría haber hecho en Londres. Hasta hoy.

Ayer estuve con un maldito dolor de cabeza todo el santo día que me redujo a estar toda la tarde en la cama. Por eso de no estar aburrido, me puse mi MP4 bajito con un par de podcast que me había bajado un poco antes de esos sobre desarrollo personal. Estos fueron los que me convencieron de que hoy saldría y de que intentaría llegar caminando desde mi casa (más o menos situada al sur de Madrid) hasta la estación de metro de Moncloa (en el Norte de Madrid). No obstante, pensaba que no lo conseguiría y esta mañana he salido pensando que llegar a la quinta parte del trayecto debería suponer un gran reto para mi, que ya habría tiempo de ir poco a poco y de ir día a día consiguiendo llegar más lejos.

Así pues, con ese espíritu he salido de casa a las once y veinte de la mañana. Y he empezado a andar y he andado hasta llegar a esa quinta parte. Y he visto que no estaba cansado en absoluto. Por eso, he seguido andando. Tres horas después, y tras parar a comer, he llegado a Moncloa medianamente cansado. Y digo medianamente porque mis piernas aún hubiesen resistido bastante más. No obstante, yo me he dicho que para ser la primera vez ya estaba bien, que a lo mejor para otra, intentaría volverme a casa también andando. He cogido el metro y me he venido para casa.

Ahora… siento una sensación maravillosa. A ver… lo mismo otra persona hace lo mismo por la patilla. Para mi, que considero que estoy gordo y que deporte no hago mucho (no, espera, que directamente no hago. xD ), es un autentico reto. Que quizás ha resultado mucho menos duro de lo que yo pensaba que iba a resultar… pues también, mire. Pero un reto al fin y al cabo. Y bien orgulloso de haberlo llevado a buen termino.


~ domingo, 14 de febrero de 2010 0 comentarios

Intento escribir…

…pero siento que he perdido la práctica. No sé hacer textos pensados. ¡Madre de Dios! Escribir esto es la última carta que he gastado hoy. Atrás quedan lo mínimo quince minutos para escribir cinco cochinas líneas. Se ve que he perdido la práctica. Lo dicho. Antes actualizaba algo todos los días. Tenía la prosa calentica y me salía todo más o menos bien escrito y tal y como quería. Y los textos pensados no me costaban tanto trabajo. Eso seguro.

No obstante llevo un par de meses en los que me he olvidado de actualizar diariamente mis dos o tres lugares de escritura y cuando intento escribir algo serio (bueno… serio…), bien estructurado y mejor escrito, me cuesta horrores. Vale que puede que hoy tuviera excusa: me está doliendo la cabeza. Pero sinceramente no estoy muy seguro de qué fue primero. No sé si no escribo bien porque me duele la cabeza o me ha empezado a doler la cabeza por intentar escribir bien. Creo que cuando empecé a escribir antes no me dolía. Tampoco pondría la mano en el fuego, pero creo que no.

Si me conociera (que no me conozco), no me haría a la esperanza de recuperar el ritmo “textil” escribiendo más de seguido, de tal forma que poco a poco vaya volviendo a ejercitar este músculo de la escritura para que se vaya poniendo en forma. Dios sabe que hoy estoy dispuesto a ello. Lo que yo no sé es si mañana me seguirán quedando ganas de hacerlo. Sinceramente, no lo sé.

Mientras tanto, me quedo con el hecho de que hoy he escrito casi cuatro párrafos. No son de una mínima calidad, pero son cuatro al fin y al cabo. Y todo explicando que he perdido la practica de la escritura. Manda narices.


~ jueves, 11 de febrero de 2010 2 comentarios

Delito inconfesable

Nadie sabía lo que allí pasaba. La policía había acordonado la zona y no dejaba pasar a nadie que no estuviera previamente identificado. Alrededor se había formado un corrillo de gente que miraba curiosa la escena. Un par de televisiones locales y alguna nacional ya tenían a sus respectivos corresponsales de pelo engominado y mirada indiferente fingiendo algún interés mientras daban la crónica para las noticias de la tarde.

El inspector hizo acto de aparición. Después de identificarse y pasar el cordón policial, se acercó a un agente y pidió el informe de la situación. Según se lo iba contando el agente, el inspector no podía dar crédito a sus oídos: el caso era verdaderamente retorcido. Un caso de los que nadie sabe cómo tratar. Una autentica atrocidad contra-natura. El inspector calló al policía: no quería oír más. Eso era demasiado para él. Se iría a su casa y tendría horribles pesadillas. “Y mira que llevo ya veinte años de servicio, ¿eh? Pero esto me supera…” Se arregló la gabardina, echó un ojo al escenario del crimen mientras pegaba un respingo y cruzó el cordón policial.

La escena del crimen era un banco de madera en pleno parque del centro de la ciudad. Allí seguía sentado el sospechoso, un venerable anciano, que miraba como su víctima era atendida por los servicios sanitarios. “Stress post-traumático” le habían diagnosticado al pobre iluso. Un hombre de treinta y pocos que había visto, sin él quererlo, como ese “depravado anciano”, como él lo llamaba, le había felicitado la navidad con una amplia sonrisa. ¡Le había hablado sin conocerle! Y lo que era peor… ¡le había felicitado la navidad estando a finales de Diciembre! ¿¡Se podía ser más despreciable!?

El anciano fue detenido, puesto a disposición judicial y acusado por “felicitación de fiesta religiosa con ánimo y alevosía” a cinco años de prisión. Murió a los tres por felicitarle el Domingo de Resurrección a un asesino confeso. Los guardias no pudieron impedirlo.


~ jueves, 7 de enero de 2010 0 comentarios

Chándal-man

Los que me conocen en la vida real sabrán (y si no lo saben, entonces es que no se fijan mucho y por ello merecen ser ampliamente tachados de ser gente que no se fija mucho) que, salvo que la etiqueta mande de forma obligatoria, yo siempre suelo ir en un pantalón de chándal. Lo de la parte de arriba varia, sí, pero lo de abajo siempre es un pantalón de chándal. ¿Por qué? Supongo que por comodidad. O por el hecho de que creo (otra cosa es que sea verdad) que unos pantalones vaqueros le quedan horripilantemente ajustados y mal a una persona con el perimetro panzil que tengo yo ahora. Siempre digo que si pierdo peso me pondré unos vaqueros. Y lo mantengo. Esta singuralidad de mi persona hasta lo que yo sé es ampliamente aceptada por mis amigos. No obstante… ayer pasó algo que me hizo “enfrentarme al sistema”.

Me llama un amigo mío para decirme que sus amigas han organizado una fiesta de nochevieja en un local que tiene una de ellas. Otras veces he salido con esas chicas y, la verdad, jamás me lo he pasado mal. Tampoco me lo he pasado excepcionalmente bien no obstante así que tengo mis dudas sobre si ir o no. Al final digo que sí. Nos ponemos de acuerdo en las pequeñeces técnicas y de repente me suelta: “Oye, que las chicas me han dicho que no vengas en chándal.” Me quedo mudo. ¿Pero no vamos al local del padre de una de las chicas? ¿No vamos a hacer la fiesta allí? ¿Qué coño importa que yo vaya en chándal o no? A ver… si me dijeran que se van a una discoteca de esas que para pasar es obligado ir con ropa de vestir, entonces soy el primero que saco mi pantalón de vestir y me lo pongo pero… ¡maldita sea! ¡Qué vamos a estar en un local privado! ¡No va a haber ningún gorila en la puerta que me diga “No puedes pasar”! Le digo que no voy más por pura terquedad que por otra cosa, nos despedimos y cuelgo el teléfono.

La nochevieja la pasé en casa, con mi señora madre y mi señora perra, viendo la tele y escuchando buena música. En cierta manera, no echo de menos el no haber ido. Solo me quedan ver las fotos para ver si lo que me perdí fue algo épico o no. Pero me da que no.

PD: Si fuera bueno dibujando, haría un webcomic personal con las aventuras del verdadero “Chándal-man”, un servidor de ustedes. Otra cosa a la lista de cosas que nunca haré. Y ya van… 


~ sábado, 2 de enero de 2010 1 comentarios

Mis propósitos a cumplir para el año 2010

¡Esperen, maldita sea! Esta entrada es altamente personal y por eso les recomiendo que no pierdan ripio. La comunidad hispanohablante es altamente cotilla y quizás esta entrada sacie la curiosidad de vida ajena de muchos. O tal vez no. Total, para un blog que se actualiza de mes en mes. Bueno… como iba diciendo, ahí van los propósitos que me propongo cumplir en este 2010. Iba a poner “O no” pero en algún sitio he leído que las cosas que te propones hay que formularlas en positivo, por ello ahora mismo recalco lo seguro que estoy de que voy a conseguirlos, lo valientemente fácil que será hacerlo y lo infernalmente constante que seré a la hora de no dejarlos a mitad de año. O no, amos.

  1. Adelgazar y no volver a recuperar lo adelgazado. Quién me halla visto en este último año sabrá que empecé dieta, perdí más de 15 kilos y poco a poco he vuelto a cogerlos. Ya sé qué hacer para perderlos. ¡¡¡It’s time for a second round, damn it!!!
  2. Terminar el segundo curso de carrera y entrar con buen pie en el tercero. Que llevo ya tres años en segundo y ya va siendo hora de empezar tercero, ¿no?
  3. Actualizar este blog y mi club en HL al menos una vez a la semana. Probablemente el objetivo más épico y a la vez más probable que se cumpla. O algo.
  4. Ponerme a trabajar. Hasta este año sobrevivía viviendo en casa materna y con una pequeña pensión que me daba el gobierno. Pero en Julio me la quitan y… bueno… necesitaré dinero.
  5. Ahorrar. Altamente vinculado con el anterior.
  6. Leer más libros que en 2009. Posiblemente no pase nada si este no lo cumplo. En 2009 según el anobiii he leído unos 37 libros. Y eso sólo desde Junio así que…
  7. Irme de vacaciones este verano. Propósito que casi tengo cumplido si todo va como debería ir.
  8. ¡Ser feliz! O al menos parecerlo, oiga

~ jueves, 31 de diciembre de 2009 2 comentarios